Hot Rod, historia del Custom

Un vehículo adquiere el apelativo de histórico en la medida que marca una época, en lo deportivo, comercial o tecnológico, o bien por ser inspiración o haber significado un avance en la industria del automóvil. Otras veces, es la historia la que transforma la manera que la sociedad tiene de entender el automóvil.

De la misma forma que el Rock & Roll se reivindica como forma de rebeldía en el ámbito de la música, también aparece el Hot Rod, casi como un fenómeno social, hacia la mitad del siglo XX.

Inicios

Hoy en día se considera Hot Rod a aquel automóvil construido antes de 1948, que ha sido modificado para aumentar la potencia de su motor, reducir el peso de la carrocería y mejorar la suspensión, con objeto de ¡hacer que corra!!! O al menos eso era en sus orígenes.

Con  el concepto de producción en serie que introduce Henry Ford, la industria del automóvil logra modelar la sociedad. El asfalto cambia radicalmente el paisaje de las urbes, el petróleo mana de las fuentes y el automóvil se transforma en una pieza imprescindible para las familias americanas. Por contraposición, surge el principio de la Customización o personalización. Ya en las décadas de los años 20 y 30 se realizaban modificaciones de los coches, para usarlos después como dragsters, que obviamente en la fecha carecían de demasiada reglamentación.

Todo esto tuvo principalmente su origen en California, tierra de colonos, que durante generaciones forjaron un espíritu autosuficiente y pragmático. Se puede decir que fue a principios de la década de los 40, cuando el concepto de Hot Rod toma fuerza. Las clases menos pudientes carecían de recursos para optar a automóviles de altas prestaciones y aquellos herederos de colonos recurrían a la compra de vehículos más populares, para luego de emplear su propio esfuerzo y medios, convertirlos en prototipos de competición. La meta era siempre la velocidad, bajo el prisma de las carreras ilegales. Habitualmente estos eventos tenían lugar en el lecho de lagos secos, como el de Muroc en California, aunque sin duda uno de los más famosos es el lago salado de Benneville al sur de Utah, en el que aún se siguen realizando competiciones de dragsters, además de ser una cita ineludible para los asaltantes de records.

Los Hot Rod de esta época son en general roadsters con motor de válvulas laterales Ford Flathead V8 o un Ford B 4 cilindros modificado con árbol de levas. Se prescinde de la capota, de los guardabarros y en general de aquello superfluo que no tenga por objeto incrementar la velocidad. A estos vehículos se les conoce como Hiboy.

En sus orígenes Hot Rod se identificaba generalmente con la “white trash”, un término peyorativo que identificaba jóvenes blancos de clase baja. Pero este fenómeno no era exclusividad de las 4 ruedas, del mismo modo se desarrolló también en el mundo de las motocicletas, que gozaba de incluso peor fama. No era nada raro presenciar continuos “piques” en carreras de semáforo a semáforo y la prensa se hacía eco de los continuos accidentes provocados por rodders.

Evolución

No obstante, al ser éste un fenómeno propiamente social, también experimenta transformaciones en la misma medida que lo hace ésta. A finales de los 40, proliferan talleres especializados en este tipo de trabajos. Termina la guerra y con ello el racionamiento de combustible, los veteranos regresan con más conocimientos mecánicos que con los que se fueron y ya en el comienzo de la década de los 50 se legalizan las drag strips (pista de dragsters) bajo reglamentación, intentando evitar las numerosas muertes de rodders que se producían en competiciones clandestinas.  Estos jóvenes vestían chaquetas de cuero, vaqueros y escuchaban Rock & Roll en sus Mercury, algo que ponía los pelos de punta a la tradicional sociedad americana.

En 1948 nace la publicación “Hor Rod Magazine” y en 1951 se crea la National Hot Rod Association (NHRA), lo que contribuye a acercar este fenómeno a un público mucho  más amplio.

Cambia el estilo de los Hot Rod que es un poco más refinado. Se conservan guardabarros, las ruedas traseras suelen ser de mayor tamaño que las delanteras y con las franjas de los neumáticos generalmente pintadas en blanco. Los modelos coupé y sedan se hacen populares.

Para la segunda mitad de los 50, el negocio de los Hot Rod crece significativamente en cuanto a adeptos y al dinero que genera. La industria cinematográfica californiana tampoco es ajena a este auge y contribuye a potenciarla. Aunque se extiende por casi toda la mitad sur de EEUU, el sur de California sigue siendo la meca del Hot Rod.

Estamos sin duda en el la época dorada del Hot Rod

Son muy habituales los certámenes de este tipo de coches, evolucionando hacia lo que es ahora la Kustom Kulture, en la que no predomina exclusivamente el afán de ser más rápido. De hecho, existe rivalidad entre ambas tendencias. Los rodders que adquirían los recambios en tiendas “speed shop” para modificar ellos mismos sus “carros”, mientras que los aficionados al custom recurren a talleres especializados para que realicen allí el trabajo mecánico de personalización. Los seguidores de los Hot Rod llamaban a estos custom “lead barge” (barcaza de plomo) o “lead sled” (trineo de plomo) ya que antes de la aparición de la masilla se usaba plomo en su lugar. Al contrario, los Hot Rods eran llamados “Shot rods”  (bielas quemadas) porque no ponían mucho interés en la estética y sólo primaba el rendimiento.

En la era de los 60 media nación se dedica a tunear sus vehículos. Aparecen las llantas de aleación y los cromados, además de los frenos de disco. Las ruedas son mucho mayores detrás que delante, dotando también al chasis de una inclinación hacia la parte frontal. Algunos modelos ya cuentan con pintura metalizada o se pintan llamas sinuosas. Se puede decir que aparecen las delicatessen del Hot Rod.

Diferentes creadores y diseñadores construyen sus modelos para ser admirados, partiendo desde cero y fabricando sus chasis y carrocerías originales para deleite de los aficionados a concursos de elegancia como el Oaklan Roadster Show, en los que se exhiben a veces concept cars de estilo futurista. Ed Roth, padre de Rat Fink -la mascota de los Rat Rods-, construye seis Rod Shows entre 1959 y 1966.

1964 Ed Roth - Orbitron

1964 Ed Roth – Orbitron

En los 60, apareció el VW “Escarabajo” como base para Hot Rods, siendo uno de los pocos coches europeos que ha participado con cierto protagonismo en esta cultura.

Pero sin duda el peor enemigo de los Hot Rod fueron los muscle cars. Ante un coche de gama baja al que había que modificar para convertirlo en una máquina de correr, muchas veces inconducible luego en carretera, estaba la opción de hacerse a precio asequible con un deportivo de prestaciones suficientes para que un Hot Rod no fuese rival en la pista.

Si sumamos la crisis del petróleo de los 70, esto provocó que perdiera fuelle la customización de vehículos, mientras las competiciones de dragster ya por entonces seguían su propio camino.

Rat Rod

En los 80 surgió lo que se denominó Rat Rod (aunque sin ser del todo del agrado de los calificados). Consistía en construir un Hot Rod de la forma en la que se hacía en sus orígenes. Igual que se modificaban los coches en California en los años 30 y a principios de los 40. Es decir, uno mismo y pensando en la velocidad.

Un Rat Rod tiene que partir de un vehículo de antes de los 50, al que se le despoja de lo innecesario. Y entre lo innecesario está por ejemplo la pintura ( o a lo sumo una primera imprimación negro mate) y por supuesto toda comodidad. Se modifica para aumentar su potencia y se rebaja la suspensión (Lowered) mediante los métodos tradicionales, tunneling, channeling o sectioning.

Apelando a la nostalgia de los primeros rodders, sus herederos dicen que estos Hot Rods están hechos para correr, no para ser mostrados.

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5 pensamientos en “Hot Rod, historia del Custom

  1. El articulo esta muy bien falto algo en los rat rod y la idea primaria es que se vean de fabricación casera, cutre coma mal hecho construidos por novato con mal gusto para diferenciarse de los hot tod pero me gustan aunque hay algunos muy raros.

  2. Pingback: HOT ROD, HISTORIA DEL CUSTOM | la isla cósmica

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